jueves, 27 de junio de 2013

Coplita:

Cuando me escuchan 
tus ojos
Y tu mirada faltó
Tomate un tiempo silencio
Para que vuelva mi amor..

Cuarteta imperfecta:

Volviste y no me mirabas
Escondida en tu canción
Como si estuvieras en misa
Oye mi ruego de amor

Autoestima segun Virginia Satir


Yo Soy Yo

En todo el mundo no hay nadie como yo.
Hay personas que tienen algo en común conmigo, pero nadie es exactamente
como yo. Por lo tanto, todo lo que surge de mí es verdaderamente mío porque
yo sola lo escogí.
Soy dueña de todo lo que me concierne:
De mi cuerpo, incluyendo todo lo que hace; mi mente, incluyendo todos sus
pensamientos e ideas; mis ojos, incluyendo las imágenes de todo lo que
contemplan; mis sentimientos, sean lo que sean, ira, gozo, frustración,
amor, desilusión, excitación; mi boca, y todas las palabras que de ella
salen, corteses, tiernas o rudas, correctas o incorrectas; mi voz, fuerte o
suave, y todas mis acciones, ya sean para otros o para mí misma. Soy dueña
de mis fantasías, mis sueños, mis esperanzas, mis temores. Soy dueña de
todos mis triunfos y logros, de todos mis fracasos y errores.
Como soy dueña de todo mi yo, puedo llegar a conocerme íntimamente. Al
hacerlo, puedo amarme y ser afectuosa conmigo en todo lo que me forma. Puedo
así hacer posible que todo lo que soy trabaje para mi mejor provecho.
Sé que hay aspectos de mí misma que me embrollan, y otros aspectos que no
conozco.
Mas mientras siga siendo afectuosa y amorosa conmigo misma, valiente y
esperanzada, puedo buscar las soluciones a los embrollos y los medios para
llegar a conocerme mejor.
Sea cual sea mi imagen visual y auditiva, diga lo que diga, haga lo que
haga, piense lo que piense y sienta lo que sienta
en un instante del tiempo, esa soy yo. Esto es real y refleja donde estoy en
ese instante del tiempo.
Más tarde, cuando reviso cuál era mi imagen visual y auditiva, que dije y
que hice, que pensé y que sentí, quizá resulte que algunas piezas no
encajen. Puedo descartar lo que no encaja y conservar lo que demostró que si
encaja. E inventar algo nuevo en vez de lo que descarté.
Puedo ver, oír, sentir, pensar, decir y hacer. Tengo las herramientas para
sobrevivir, para estar cerca de otros, para ser productiva, y para encontrar
el sentido y el orden del mundo formado por la gente y las cosas que me
rodean.
Soy dueña de mí misma,
Y por ello puedo construirme.
Yo soy yo y estoy bien.

miércoles, 26 de junio de 2013

domingo, 16 de junio de 2013

Día del padre 2013


Y veo,
y tengo
detrás una historia
de hombres,
de sus manos,
de sus voces,
de sus amores,
de su dolor,
de su trabajo,
de su camino.
Hoy soy lo que ellos fueron
y un poco más.
Solo un poco,
un paso más
hacia adelante
en la vida.
Y veo,
y tengo
adelante una historia,
otros pasos
de hombres y mujeres
en el camino
de la vida.

martes, 4 de junio de 2013

La Mente Patriarcal, Claudio Naranjo, cap. V resumen


Una “mente patriarcal” subyace al problema patriarcal de una sociedad en que las relaciones de
dominio-sumisión y de paternalismo-dependencia interfieren en la capacidad de establecer vínculos adultos solidarios y fraternales, en la que el hambre de amor materno y paterno llevan a la mayor parte de las
personas a una dependencia afectiva y una obediencia compulsiva.
Como domina el pater-familias sobre “su” mujer y “sus” hijos, domina en nosotros la voz de la sociedad patriarcal represiva sobre la voz de nuestro aspecto materno y sus valores matrísticos, e igualmente sobre nuestro “niño interior”.



Pero el dominio del Padre Absoluto en la sociedad, en la cultura y a través de la
historia no se ha expresado sólo a través del machismo, sino, también, a través de la
tiranía de la razón sobre la emoción y el placer instintivo, y a través de una
sobrevaloración del saber a expensas del amor y de la libertad. La agresión de
los machos adreno-maníacos del mundo ha castigado e inhibido la ternura tanto como la espontaneidad y la naturalidad, robándonos así el amor y la autenticidad, con lo que nos
ha empequeñecido y aislado, interfiriendo con un potencial de hermandad sin el cual no
puede florecer una sociedad sana.


Triple cerebro: Neocortex padre, cerebro medio madre, cerebro arcaico niño. Triple personalidad, tres formas de amor: gracias a las investigaciones de Paul Maclean, que han revelado la
estructura tripartita del cerebro humano. Como he sucintamente mencionado ya, sólo el
neocórtex, de orígen evolutivo más reciente, puede considerarse el cerebro propiamente
humano, en tanto que compartimos el cerebro medio con nuestros antecesores mamíferos y
se asemeja el cerebro arcaico al de los reptiles. Es, en este último, dónde se asienta
principalmente la vida instintiva, en tanto que en el cerebro medio lo hace nuestra
capacidad relacional y en el neocórtex las funciones intelectuales superiores.


A la luz del modelo propuesto de salud, a partir de la integración de nuestros
cerebros, personas interiores y aspectos del amor, podemos considerar nuevos aspectos
de esa mente desintegrada que resulta de una crianza patriarcal y constituye la condición
común de la humanidad. Pero, como hacerlo nos llevará a reinterpretar los datos de la
psicopatología desde el punto de vista de una desintegración de los núcleos “paterno”,
“materno” y “filial” de nuestra psique, conviene que ahora me detenga aquí un poco en la clarificación de esta visión tripartita de la mente que, si bien no coincide con la de los
mapas al uso, parece suficientemente cercana a ellos como para no parecer del todo
original.


Super yo, ello y yo: el superego freudiano no es sólo el asiento de los ideales, sino un
ámbito donde son nutridos tales ideales por el poder de abstracción del intelecto. Y
puede decirse que los ideales y principios, en tanto que organizadores de la vida psíquica,
conllevan una función directriz que podemos describir como “autoridad”. Todo lo cual
sugiere que nuestro neocórtex no es meramente el asiento de la vida intelectual, sino una
entidad más aptamente descrita como una sub-personalidad: una voz interior de nuestra
mente de la cual el pensar bien puede ser el hecho fundamental, pero de ninguna manera
todo. Por ello, hablar (como después lo haría Eric Berne) de un “progenitor crítico” bien
puede ser más satisfactorio que hablar simplemente de un “centro intelectual”. O, dado
que en un mundo patriarcal la autoridad es ejercida predominantemente por los hombres,
bien podemos llamar al super-ego el “padre interior”

De manera semejante, podemos hablar del Id freudiano como de nuestro Niño
Interior, pues representa nuestra voz más arcaica a través de la que participamos ya desde
el nacimiento en la vida animal; y del ego freudiano (con su control de la acción) como
nuestra parte Madre que, a través de la empatía no sólo intenta una mediación amorosa
entre impulsos y principios, sino que se (y nos) vincula con la comunidad.

No es un gran salto el que se requiere para pasar de la interpretación freudiana de la neurosis como un conflicto entre las instancias psíquicas a la comprensión de ésta como una u otra forma de respuesta al imperativo patriarcal, culturalmente trasmitido, de una tiranía del neo-cortex (con su intelecto convertido en
superego) sobre lo instintivo y sobre los dictados de la solidaridad familiar o comunitaria.


Por más que difieran los caracteres respecto a la función dominante y a la función
más subdesarrollada en la tríada del pensar-sentir-querer, consiste la cultura patriarcal en
su conjunto en una hegemonía del intelecto. Ha sido el patriarcado un aliado del intelecto
y de la razón desde sus inicios, y puede comprenderse que haya sido así porque cuando
uno le dicta a la gente lo que tiene que pensar, de alguna manera ejerce ya una clara
impronta sobre lo que las personas hacen con sus palabras y sus demás actos.


Así, no cabe duda de que la autoridad se ha apoyado desde el comienzo de la
civilización en una particular visión de las cosas, y, especialmente desde el Siglo de las
Luces, se ha fortalecido el imperio de la razón, junto al del empirismo científico y la
autoridad de los expertos.
Hasta tiempos recientes la ciencia ha ocupado el lugar que algún día tuvo la
autoridad religiosa, pero cada vez se complica el saber científico con el cientifismo: la
pretensión de que la ciencia lo puede comprender todo, y de que aquello que la ciencia no
comprende, no existe. Parte de la idolatría de la ciencia, que es el cientificismo,
seguramente subyace a la moderna idea de que gobernar el mundo según consideraciones
meramente económicas y con ayuda de la computación es, asimismo, la opción más
sabia, y que la consideración de la abstracción del homo economicus hace ocioso dirigirse
al ser humano como tal.


La mente patriarcal un desequilibrio entre tres formas de amor:
Desde otro punto de vista, podemos comprender la mente patriarcal como un
desequilibrio entre el amor instintivo, orientado al goce, el amor bondadoso y empático
hacia el prójimo, y el amor-reverencia, cuya expresión ordinaria es el aprecio y forma
máxima la adoración; y aunque la fórmula o perfil personal respecto a la prominencia de
uno u otro entre tres amores sea diferente para tipos humanos diferentes, es también
cierto que se puede observar una fórmula común al espíritu de la cultura patriarcal en su
conjunto, según lo revelan sus usos y valores.


El Patriarcado es autoritario:
el patriarcado es autoritario, y los gobiernos primigenios se basaban en el paternalismo, es decir, que parte de su autoridad les vino de aquella acordada por los hijos a los progenitores originalmente como
respuesta natural a su protección así como a su supuesto conocimiento superior. Pero ya
en el seno de la familia el autoritarismo ha entrañado una distorsión de la vida amorosa por la exaltación del amor admirativo y respetuoso hacia el padre. Más ampliamente, en la sociedad patriarcal, el amor a los ideales (fundamento común del sentido del deber y de las prohibiciones) es exaltado a expensas del amor empático, así como a expensas de la valoración del placer.

A nivel interpersonal, el autoritarismo representa una posición que podría traducirse en: “me debes respeto y debes reconocer que tengo razón, porque soy más sabio que tú”, “tus actos deben ceñirse a mi consejo o voluntad aún cuando ésta no concuerde con tu propia preferencia o juicio”. “No solo deberías prestarme tus oídos y tu mente, sino que deberías entregarme la totalidad de tu comportamiento, dejando que yo
sea quien lo guíe”. Lo que entraña nada menos que una toma de posesión del cuerpo del
otro o de la otra.

Pero también cabe reconocer algo semejante en el nivel emocional: no se satisface un padre autoritario con la mera obediencia automática, sino que espera que a su hijo le sea grato obedecer y que obedezca “por amor”. El niño, entonces, sintiendo que debería gustarle la postergación de sus preferencias u opiniones, no tiene más que desvincularse de su propio sentido del placer o desagrado. Debe, entonces, distanciarse
de su cuerpo ( y de sus emociones verdaderas) en aras de lo que le debe gustar y lo que debería sentir. En vista de tal posesión emocional se comprende, entonces, que la prohibición del placer, o por lo menos la desvalorización de lo instintivo y lo erótico sea intrínseca al mantenimiento del autoritarismo.

¿Qué ha pasado con la compasión en el ámbito del patriarcado? La historia de la civilización ha sido, a grandes rasgos, la historia de una brutalidad enmascarada tras la idealización del heroísmo.


En síntesis, he comenzado proponiendo que el dominio del padre en la familia, a
comienzos de nuestra vida propiamente civilizada, llevó a un desequilibrio entre la
empatía y la agresión en nuestra vida colectiva, por la represión de la espontaneidad
biológica de nuestro aspecto animal; he señalado luego que también repercutió en la vida
humana la tiranía del “principio paterno” con una exaltación e idealización del intelecto
a expensas de un antagonismo hacia el sentir de nuestro “principio materno” empático, y
hacia el inocente y sagrado Eros, además de su correspondiente desvaloración. Creo que,
a continuación, he mostrado algo que no es ningún secreto -pero que no ocupa aún un
lugar central-, , al decir que la esencia de la mente patriarcal, más allá del predominio de
la razón sobre el amor y el sano instinto, ha sido una disrupción del equilibro amoroso
entre nuestras tres personas interiores, que nos ha tornado en seres castrados, fríos de
corazón y aparentemente movidos por sus ideales pero en realidad impelidos , como
máquinas, por un programa patriarcal que los hace compulsivamente adaptables, en su
dependencia del afecto y su vulnerabilidad, al castigo y las recompensas

En vez de ser nuestra vida afectiva un “abrazo a tres” entre nuestras personas interiores,
es una relación opresiva entre éstas , en que esa empatía mamífera que caracterizó
nuestra vida cuando eramos nómadas recolectores (y luego en el neolítico temprano), así
como la aún más arcaica sabiduría organística que heredamos de los reptiles, languidecen
en una prisión intrapsíquica dónde el carcelero, a la vez juez y acusador, esgrime ante
ellos la espada de los más altos ideales.

He explicado ya, sin embargo, la mentira que entraña tal uso de la idealidad—que es la
mentira de adorar becerros de oro que son de barro.
Cada vez más, languidece también el amor apreciativo en nuestra modernidad, y cada
vez más ocurre que, cuando se ondean banderas para proclamar la libertad, la
democracia o ‘los valores’, se hace con sospechosas intenciones. Más y más, se ha
degradado el amor valorativo y reverente hasta tornarse un conjunto de argumentos e
imperativos al servicio de la codicia o gloria de seres inconscientemente infelices y
rapaces aunque distraídos de su vacío y descontento por su triunfo rapaz.Sin embargo, al hablar de una mente patriarcal generalizada que informa nuestra cultura,
no quiero decir que cada individuo sea una especie de clon del espíritu patriarcal
prototípico. Aunque una proporción apreciativa de los varones exhiba lo que se ha
llamado el Modelo de la Masculinidad Tradicional Hegemónica (MMTH)5, agresivo,
dominador e insensible, que se trasmite a través de su socialización, muchas mujeres
exhiben un síndrome contrastante, que se ha designado como MFTH o Modelo de Feminidad Tradicional Hegemónica, aunque se pueda decir que aún este último sea parte
de la estructura de la sociedad patriarcal y de su correspondiente mente. En términos más
generales , podemos decir que lo materno y lo filial en nosotros se rinden ante el Padre
Absoluto y que, más o menos inconscientemente, se rebelan y resisten su opresión con la
disfunción.
Pero continuar este tema podría llevar a un amplio tratado de la neurosis universal,
cuando por ahora me considero satisfecho con haber mostrado que, en su centro, está el
dominio del Padre Absoluto que la cultura trasmite como una plaga: un acoplamiento del
dominio por el poder con la exaltación de la razón para la justificación e implementación
de tal dominio, no sólo sobre los demás, sobre la naturaleza y sobre nosotros mismos,
sino , especialmente, también, sobre nuestra capacidad empática y nuestra instintividad.

















sábado, 11 de mayo de 2013

Teatro: El Doctor Lacan en el Teatro de la Comedia

El Doctor Lacan, acá el enlace a la web del Teatro de la Comedia http://www.lacomedia.com.ar/programacion/doctor-lacan.htm

La recomiendo, para analistas, psicólogocos, pacientes y civiles.

Es una obra inteligente en la que con humor se dicen cosas profundas.

El personaje de Gloria impresionante. Su inteligencia, compromiso, saber hacer, devoción y al mismo tiempo familiaridad y liderazgo en su diario conocimiento y trato con lo mejor y peor del Dr.

El personaje de Lacan muestra al genio en su grandeza y también en su cotidianeidad, me dió la idea de que está bien trabajado y para los que no lo conocimos nos da la posibilidad de encontrarnos un rato con él, su seminario, su consultorio y su intimidad.

Dura lo que una sesión, ni más ni menos y también tiene efectos.